De las historias callejeras
No se confundan. Cuando ella se fue, yo tenía tres abejorros enormes y morados, dos riachuelos de oro fundido, una hermosa mansión hecha de arena y unos pocos frjoles. Fijense y no se distraigan, que yo también me fui, pero solo con un abejorro enrome y morado y un par de frijoles que luego se convirtieron en una escalera al cielo, por la cual subí y vi una gallina que daba huevos de oro, pero como el oro no se come, me comí a la gallina.; y ella ya estaba muy lejos, no tanto como yo, pero como no sabía a donde iba yo, me quede a acampar y amaneció y por eso vine, no se confundan, que andaba acompañado, pero cuando ella se fue...
miércoles, 3 de marzo de 2010
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Qué loco
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