domingo, 7 de marzo de 2010

Un cuento corto

De que hagamos de cuenta que las cosas se miran objetivamente, con fuertes acentos romanticistas.

Un día Israel se quedó escribiendo en su computadora. Él se sentía repleto de un deseo, de un ansia, de una prisa ajenas a el que lo sobrepasaban. Era como si el mar empezara a agitarse por dentro y de repente la tierra entera dejara de ser capaz de contenerlo. Él tenía enfrente al asesino de toda su familia y en la mano un revolver sin balas. Él vivía en una tierra riquísima en animales, plantas, flores, belleza y calor, pero estaba a punto de morir de hambre.

Y ese día Israel se quedó sentado tres días hasta morir.

El caso fue difundido ampliamente en muchos noticieros. Sobra decir que despertó muchas desconfianzas y acusaciones, sin embargo, era apenas el inicio.

En meses subsecuentes se presentaron muchos otros casos similares de personas que morían "de la nada".

A nuestros brillantes científicos les fue imposible entender el caso, solo los literatos se percataron, y lo hubieran hecho los filósofos también si no hubieran estado ocupados y enredados en la postmodernidad.

Pero como nadie le cree nunca a los literatos nadie tampoco escucho cual era el verdadero problema detrás de estas misteriosas muertes.

Luego murió casi toda la humanidad.

Y después, nadie supo nunca el porqué de este gran holocausto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario