viernes, 29 de julio de 2011

Antitesis

La negación:

Recordar es vivir, dicen. ¿Y cuándo ya no se recuerda nada?

Si el cuerpo sigue funcionando, tal vez es que por fin logramos eliminar la poética del olvido a través de la respuesta negativa radical a la pregunta (y su mito):

- ¿A dónde van los días cuando pasan?

- los guardamos en un lugar llamado rutina (bonito nombre para lo totalitario) y nunca los recordamos porque vivimos a diario

- ¿Los vivimos?

- No, los morimos

Solo es así que es posible tener tiempo para una actividad tan absurda y cansada como lo es escribir (o pasivamente leer, mejor dicho, contemplar) la historia.

Si pudiéramos vivir con nuestras placenteras y sencillas necesidades y libertades, no habría que ser libre para necesitar organizar

Dioses

Estados

Clases

Partidos

Revoluciones

Para tener alguna razón por la cual siquiera bailar al ritmo/contratiempo de la épica parodia; en otras palabras, para no perder la locura y quedarnos únicamente con nuestra bonita razón, deudas, lutos y con suerte, hasta con ataúd propio.

Decía, de vivir sin fines ni principios separados, no sufriríamos por nuestros muertos y ellos no sufrirían por nosotros.

Y sueño: la pesada humanidad, con viento y fuego avanza, y en su girar se van acabando

Las clases

Las fronteras

Los Estados

Los Dioses

Y … ¡Vivimos! Pero como nos ocupamos más de la poesía y menos de buscar el escondite de los días que se van, olvidamos escribir (y recordar) la pesada historia que quedó atrás. Por eso un mal día, alguien volvió a inventar la propiedad privada y luego se dividió el trabajo y sucesivamente se repitió, letra por letra, la historia hasta donde está mi pluma en este instante.

Y, en el mejor de los casos, quienes fueron generosos, le llamaron a ese tiempo de sobria libertad que precedió a la barbarie Comunismo Primitivo

Otros le llamaron prehistoria y no aprendieron nada.

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