De la música de la ciudad.
Las ventanas reemplazan a las estrellas
en la tarea de ejecutar las vibraciones,
convertir el aire en sonidos,
rasgar el silencio hasta desmenuzarlo en acordes
Una nube roja envenenada se empeña en envenenar
susurrando a su paso
una lentísima melodía,
grave, sonora, urbana, reflejante, como espejo
En la esquina, solitarios versos
fluyen de las bocas de solitarias almas,
ahogadas en alcohol, arriba en la luna,
prostituidas, salvajes, locas, locas, locas
lunes, 19 de julio de 2010
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