De bla bla bla bla
- Aquí huele a mierda. Diría cualquier transeúnte con un poco de olfato, ni siquiera tendría por que ser un poco burgués para darse cuenta. - No es una ciudad muy agradable. Digo yo el narrador: coronada con espinas de antenas y crucificada en asfalto, el calor es un demonio tal como lo es el frío que cada año, en verano y en invierno (respectivamente) vienen a cobrar su docena de victimas mortales, de vagabundos y niños de la calle. Pero no nos desviemos mucho, ese lugar que huele a mierda no huele a sudor ni a yerbarajos, que son esencias comunes en espacios ocupados por el lumpen, sino que literalmente huele a eso: mierda. (perdonenme por repetir tanto las palabras)- Aquí ciertamente no hay contradicción. Dijo un filosofo que se dio cuenta que ni la Tesis ni la antítesis aguantan el peso de la miseria (aunque el narrador no esté tan de acuerdo), no soportan la vergüenza, la soledad, el miedo, el hambre y los malabares con limones de niños (otra vez el narrador no estaría tan de acuerdo en llamarles niños, pero biologicamente lo son, a pesar del Activo inhalado) que hace varios días que no comen. - Impresionante eso de no comer. Hubiera pensado o dicho el transeúnte cualquier del que halábamos al principio, pero los transeúntes rara vez piensan o hablan acerca de lo que ven a su alrededor, no sé por qué será.
martes, 6 de julio de 2010
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