Del poder y sus entuertos - De la rebeldía que no muere [Y viceversa]
A todos los que cayeron, a los que siguen luchando...
¿Qué posibilidad hay de que dos personas de otra ciudad se suban al mismo metro hacía el mismo lugar? Me bajo en la estación de Tlatelolco, ahí donde seguramente habrá caído Temiltotzin, el Espartaco Azteca, lugar ahora recubierto por la violenta fealdad del sub-crecimiento y del subdesarrollo exacerbado. Mi primera vez en Tlatelolco, como la primera vez que probé el tabaco que no he de abandonar, mi garganta se lleno de humo y mis pulmones sintieron la suave delicadeza con que se mueve la muerte. Subo penosamente las escaleras en busca del camarada al que habría de acompañar en este viaje por el rio estigio, descendiendo hacía el Hades. Casi premonitoriamente viajábamos en el mismo convoy. Nos adentrábamos a una telaraña de proporciones enormes, el campo de Medusa donde se hallaban sus muertos hechos piedra, ahí, a las afueras del castillo de Vlad Dracula, campo sembrado de ominosos cuerpos empalados. Tlatelolco inmenso, Tlatelolco muerto, tlatelolco abandonado, Tlatelolco construido con miedo, Tlatelolco que se mantiene en pie a fuerza de odio y crueldad. ¿Qué sería si el poder sintiera culpa? ¿Qué pasaría con todos los sometidos si no sintieran miedo?
Como el mismo Tlatelolco de aquél Tenochtitlan al caer bajo el yugo español, no quedaban mas que ruinas en donde se puede jugar a un pasado que si bien no fue mejor, al menos si brillaba una esperanza, al menos parpadeaba tímidamente la estrella del amanecer, la estrella roja del amanecer.
El número 68 es casi tan determinante como el 666. 68 que sigue vivo bajo toneladas de asfalto y de cemento, 68 que nos dejo esperando, 68 que rompió moldes, porque 68 ya no es solamente una fecha más.
Después de caminar algunos metros, aparecía ante nuestros ojos la ignominiosa plaza de las tres culturas. ¿Será que son tres las culturas? yo solo vi una: la brutal dominación.
Rodeada de multifamiliares aun se escuchaban los disparos, aun se oían los gritos, aun se sentía el dolor. ¿Por donde entraron los soldados? ¿Donde estaban apostados los francotiradores?
Lo que quedaba no era otra cosa que un cementerio. Un cementerio cínico que se reía. Una demostración obscena del poder. Una crueldad infinita. Un dolor que no tiene, ni tendrá nunca nombre.
Ahí compre unas gorditas, no sabía cómo se llamaban pero un chico llamado Giovanni me aclaro que lo que me estaba comiendo eran gorditas. Fabulosamente logré conservar el apetito bajo ese cielo gris, gris por el plomo que perforo a los jóvenes que nunca regresaron a casa, gris por el hormigón brutal, Hormigón que forma parte de la gris opresión de este régimen que solo se ejerce a través de la muerte. Muerte gris.
La noche de Tlatelolco, la noche del dos de octubre se cierne sobre la ciudad cada 24 otras. El calendario mexicano no es el mismo desde ese día.
La fecha de hoy es 30/08/09 - 02/10/68
domingo, 30 de agosto de 2009
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