lunes, 11 de abril de 2011

Cantaba el Rey David

...

era la fiesta de cumpleaños de dios;

y nosotros concebidos por nosotros mismos
jueces y partes
(desmembradas)
de una autopología
en la cual confundimos la efímera
belleza, imperfecta,
e indomable,
del destello que surge de la llama
antes de que un viento,
probablemente semejante
al aliento de vida,
sople
y la v(el/id)a se apague,
con la construcción
teórica y practica
del mundo en seis días
de sobre-explotación,
dejando solo uno para el descanso.


-¡Feliz cumpleaños!
gritan todos los ángeles.
Y se apagan (seguramente mas de)
2011 velas

Y aun, querida lectora,
al tener esta simple verdad
a nuestro alcance,
nos atrevemos
a observarnos las caras
ridículas de espanto
ante la violentísima existencia
de la muerte que implica la vida
y de la vida que implica el horror.

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