miércoles, 21 de septiembre de 2011

El Reto II

El pecado original (un factor de la misma índole que la "acumulación originaria")
Tiene dentro de sí todos los elementos necesarios para explicarlo.

Una crítica liberal o jacobina tiende necesariamente a ignorar el punto de más tensión entre "el bien" y "el mal", creyendo que la esencia de la libertad humana reside en la mera desobediencia ingenua atribuida a Eva y Adán, que fue castigada por dios que había impuesto de antemano a los tres niveles de existencia: "el edén", "la tierra" y "el infierno.

Por supuesto, una crítica liberal acepta los tres niveles en tanto "destruye" imaginariamente a la redención y al castigo. Por esto mismo, a Eva se le perdona o se le justifica. Eva solo quiere que la recordemos.

En realidad, la esencia de la libertad no residía en una desobediencia. El odio divino tiene una causa profunda, que nada tiene que ver con la moral. La rebeldía fue el inicio de la separación y ésta empezó con lucifer. La serpiente tentadora no fue otra cosa que un pretexto. Eva primero, y después Adán, encontraron la libertad no en un fruto, sino fuera de esa cárcel llamada edén.

dios nos castigó, como a lucifer, arrojándonos a los infiernos. Esa tierra que conocimos antes de que el diluvio la destruyera está ahora en manos del enemigo. Lo ha estado siempre, desde los inicios de toda separación en la sociedad entre "bien" y "mal". Nosotros, en los infiernos donde se adora a dios somos idiotizados con la idea de un "edén" después de la muerte. ¡Qué cosa tan más bárbara! ¡De qué sirve el paraíso si ya se está muerto!

Esa verdadera libertad, de la cual hemos encontrado clavos y astillas, tiene una fuerza tal que nos lleva en contra de nosotros mismos (Solo podríamos ser nosotros mismos si fueramos totalmente otros, humanos liberados en la tierra de la libertad) pues sus raíces vienen desde el mismo satanás, pasando por caín, Sodoma, Jonás, Jesucristo... llegando hasta nuestros días con Mariátegui, Julio Antonio Mella, Che, Marulanda.

Nosotros somos lo que llaman "el mal". La negación radical. Que no es otra cosa que el momento preeliminar a la redención, a la superación diálectica y a la siguiente página, completamente en blanco, sobre la que se podrá escribir o dibujar, pero que Nosotros nos contentaremos con admirar, sin decir gracias y sin alabar a nadie. Porque cuando digo nosotros, me refiero a esa masa de esqueletos viejísimos y nuevos que triunfaremos aun después de que "todo estuvo perdido".

A otros que yo no conoceré les tocará disfrutar la selva y el canto de las llanuras, la suave brisa de la costa y los bosques oscuros y cerrados, la hermandad pura y el caminar sin miedo, a mí y a los míos que caen a mi lado nos toca la gloria anónima, el humor y la bendición de haber retado a los dioses. Nos toca ser abono redimido de un árbol que conquista la primavera. Nos toca el heroísmo, la historia y el mito. A otros les tocará el silencio sublime que corresponde a millones de almas hermanas flotando en el vacío.

El mesías ya demostró ser mujer u hombre y poder enfrentarse a dios y ganarle batallas. Ya no es esa deidad una representación mágica de un padre todopoderoso... solamente. Desde hace ya siglos dios se nos presenta en forma fálica: una bala, un edificio, un automóvil. Pero ha sido solo desde hace un par de siglos que hemos tenido la fuerza de resolver la contradicción divina:

La eternidad omnisciente.

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